Todavía recuerdo cuando era pequeño. Muy pequeño. Era un ser unicelular. Exacto, recuerdo perfectamente cuando era un espermatozoide.
Yo era feliz. Vivía en el testículo derecho, tercera caverna, 4º C. Me acuerdo lo feliz que era simplemente con la preocupación de que nos llamaran para salir. Mi nombre era Y359986574, "Y" del cromosoma masculino que llevaba, 3599 mi nombre y 86574 el testículo correspondiente. Aún recuerdo aquellas tardes en el "Huevo-Bar",las cañas con mis amigos y mis amigas,las partidas de guiñote, las peleas de flagelos...¡Qué tiempos aquellos! Pero lo bueno dura poco, tan poco como lo que costó que saliera de ese idilio.
En menos de 5 segundos, todo mi mundo desapareció: mi casa, mis colegas, mi bar... Salimos millones de golpe. Todos a la vez, en tropel, como si fuera la época de rebajas. Recuerdo los gritos, los empujones, casi como si estuviera ahí. Al salir nos encontramos en un páramo, un sitio desolador, húmedo, oscuro. Menos mal que nuestros quimiorreceptores nos guiaban hacia donde teníamos que ir. Algún despistado tomó el camino de la derecha. Muchos se fueron por el camino de la derecha, pero muchos más nos fuimos por el de la izquierda. Seguíamos corriendo, sin saber a dónde íbamos, guiados por el instinto, con sed de fecundar.
Nos encontramos con el óvulo. Ahora sé que se llama así, pero en ese momento era "El Objetivo". Ahí comenzó la batalla. Ahora comprendo porqué salimos tantos. Millones de compañeros y compañeras decapitados, despojados de sus flagelos. ¡Así es imposible trabajar! Hasta que tras una tremebunda batalla, yo encontré la puerta,
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