domingo, 1 de mayo de 2011
A ella...
Son las 23:00. Me quiero ir, pero ella pide otra cerveza, y como el cliente siempre tiene la razón, se la tengo que servir. Le digo que es la última y empiezo a barrer. Oigo algo similar a un suspiro y la miro. Está llorando. Por las arrugas que surcan su cara, corretean unas lágrimas como un riachuelo. Observo su cara. Todavía guarda un poco de esa belleza que la abandonó. Se fue, sin avisar, sin pedir permiso, simplemente se fue, y la dejó marchitar, como una rosa sin agua. Como se fue él. Dejándola en un mar de lágrimas. Por como se bebe la cerveza, fue hace tiempo, no le cuesta y se ve que tiene práctica. Lleva 12 tercios, ¡12! casi 4 litros de cerveza desde las 20:00 que ha entrado por la puerta. Se acerca a la barra. Sigo limpiando la cafetera. Me dice que le cobre. Me da 25 euros y me dice que me quede con el cambio. "Adiós"-"Hasta luego, gracias"
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